Cuentos que Sanan

Leer EL AMOR QUE SE ELIGE CADA DÍA
EL AMOR QUE SE ELIGE CADA DÍA

Amor

EL AMOR QUE SE ELIGE CADA DÍA

Esteban y Alicia cumplían cincuenta años de casados. Medio siglo de la misma mano sirviendo el café por la mañana y del mismo “que descanses” antes de apagar la luz. Toda la familia estaba en el patio celebrando. Pero Sofía, la nieta menor, se había quedado sentada sola en un rincón, mirando su anillo de compromiso como si le pesara. Su abuelo Esteban la encontró ahí.

Leer EL AMOR QUE NUNCA SE FUE
EL AMOR QUE NUNCA SE FUE

Humanidad

EL AMOR QUE NUNCA SE FUE

Doña Rosa tenía setenta y cinco años y una casa demasiado grande para una sola persona. Desde que Don Miguel partió, dos años atrás, el silencio se había mudado con ella. Era un silencio pesado, de esos que se sientan en la mesa a la hora de la cena y no se van. Rosa todavía ponía dos tazas en la mesa por costumbre, y todavía hablaba en voz baja frente a la foto de su esposo, como pidiéndole permiso para seguir viviendo.

Leer LA BENDICIÓN DE UNA AMISTAD VERDADERA
LA BENDICIÓN DE UNA AMISTAD VERDADERA

Amistad

LA BENDICIÓN DE UNA AMISTAD VERDADERA

Natalia y Camila se conocían desde los ocho años. Habían crecido en el mismo barrio, habían ido a la misma escuela, habían compartido secretos que nunca le contaron a nadie más. Esa clase de amistad que no necesita explicación porque simplemente existe, como el aire, como la luz, como algo que siempre estuvo ahí y que uno da por sentado precisamente porque siempre estuvo ahí.

Leer LAS PIERNAS DE MATEO
LAS PIERNAS DE MATEO

Inspiración

LAS PIERNAS DE MATEO

Mateo tenía diez años y dos cosas que amaba más que nada en el mundo: su madre, y el fútbol. En su barrio de Venezuela, Mateo era conocido por una sola cosa: sus piernas. Rápidas, incansables, imposibles de seguir. Desde los cuatro años había corrido detrás de una pelota con una determinación que hacía reír a los adultos y llorar de envidia a los otros niños. Su entrenador decía que tenía algo especial — no solo velocidad, sino instinto. Esa capacidad de saber dónde va a estar la pelota antes de que llegue.

Leer LAS ESTRELLAS QUE NO APAGÓ LA GUERRA
LAS ESTRELLAS QUE NO APAGÓ LA GUERRA

Familia

LAS ESTRELLAS QUE NO APAGÓ LA GUERRA

Alejandro tenía el cabello completamente blanco y dos cosas que nunca había podido soltar: una medalla militar guardada en una caja de madera, y la costumbre de mirar el cielo cada 4 de julio como si esperara ver algo que solo él sabía que estaba ahí. Su nieto Daniel, que tenía nueve años y demasiadas preguntas para tan poca paciencia, se sentó a su lado en el porche esa noche con una paleta en la mano y los ojos llenos de fuegos artificiales.

Leer EL PELUCHE QUE VOLVIÓ A CAMINAR
EL PELUCHE QUE VOLVIÓ A CAMINAR

Humanidad

EL PELUCHE QUE VOLVIÓ A CAMINAR

Valentina tenía siete años y un solo tesoro: un conejo de peluche gris, ya sin un ojo, con las orejas gastadas de tantas noches abrazado contra su pecho. Se llamaba Nube, porque su mamá decía que era tan suave que parecía hecho de cielo. La tierra tembló un miércoles, y cuando dejó de temblar, ya nada era igual. La casa de Valentina, como tantas otras, quedó partida en dos. No hubo tiempo de salvar casi nada. Solo hubo tiempo de correr, y de no soltar a Nube, que iba apretado contra su pecho mientras su mamá la cargaba entre los gritos y el polvo.

Anterior Página 2 de 4 Siguiente